En 1817 compone Gioacchino Rossini la ópera iocosa La Cenerentola, basada en el cuento de La Cenicienta pero con varias licencias: en vez de hada madrina, aquí aparece Alidoro, el tutor del príncipe Ramiro; no hay madrastra, sino padrastro; en lugar de perder un zapato, entrega un brazalete (si bien nosotros también lo hemos cambiado, ahora por un velo).
Gioacchino Rossini (nacido en Pésaro, Italia, el 29 de febrero de 1792 y fallecido en París, Francia, el 13 de noviembre de 1868). Compositor italiano, conocido especialmente por sus óperas cómicas (en un famoso encuentro con Beethoven, éste le indicó despectivamente que siguiese componiendo muchos «Barberos de Sevilla»), pero con numerosas aportaciones también en el mundo de la ópera seria (la bellísima obra «Tancredi», por ejemplo).Todo ello le hizo asumir el «trono» de la opera italiana, del bel canto de principios del siglo XIX, género que realza la belleza de la línea melódica por encima del drama o la profundidad emocional y por encima del interés armónico. A medida que avanzan sus composiciones, éstas van adquiriendo un mayor grado de dificultad vocal, tanto que desde mediados del siglo XIX hasta los años setenta del siglo XX, muchas de sus obras se creían imposibles de cantar, Rossini nace en el seno de una familia con algunos conocimientos musicales, que afianza en el conservatorio de Bolonia. Casi accidentalmente (a petición de unos amigos), comienza a componer óperas (1810) y, dado el éxito que logra, no dejará ya de hacerlo… hasta 1829 año en que culmina su gran ópera Guillaume Tell. Entre tanto, compone algunas de las obras más conocidas de todo el repertorio operístico. Lo que podríamos llamar la primera parte de su vida, se desarrolla en Italia, donde recorre las principales ciudades presentando sus óperas. En esta época se producen muchos de sus conocidos «pasticcios», o autoplagios que se producían porque tenía que componer numerosas obras cada año y, no estando las ciudades italianas especialmente bien comunicadas, se dedicaba a cortar y pegar trozos completos de óperas anteriores para presentarlas en el siguiente lugar de estreno. Destacan las composiciones que hizo (especialmente para el Teatro San Carlos de Nápoles) para una conocida cantante de la época, Isabel Colbran, con quien se casó y formó pareja musical durante muchos años.Poco a poco va agotando los recursos de su composición italiana y, tras dos óperas que exijen el máximo virtuosismo y la mayor dificultad vocal (Semiramide y Zelmira), pero contienen también la máxima belleza, se desplaza por otras partes de Europa, afincándose finalmente en París (definitivamente en 1825). Esta segunda parte de su vida será muchísimo menos prolífica en lo musical que la italiana (en Italia, entre 1810 y 1823 compuso 34 óperas; cuando, por ejemplo, Verdi, tardó más de cuatro años en componer Aida). Comienza su época francesa con alguna ópera en italiano y sobre todo con la reelaboración en francés de óperas ya estrenadas en Italia (el Sitio de Corinto es una reelaboración de Maometto Secondo;Moisés y Faraón es una reelaboracón de Moisés en Egipto;el Conde Ory es una reelaboración del Viaje a Reims). Culmina esta producción con una grandiosa (por calidad, emoción y duración de más de cuatro horas) ópera en francés: Guillermo Tell. Curiosamente, ésta será su última ópera (cuando le quedaban varias decenas de años de vida por delante). Es éste uno de los grandes temas de la iconografía operística actual. ¿Por qué dejó Rossini de componer tras Guillermo Tell? Son muchas las respuestas que se dan, desde el hastío, hasta la riqueza que ya había generado, pasando por abundantes dificultades de salud y, quizá también por el cambio que se estaba produciendo en el mundo de la ópera, con nuevas necesidades vocales, orquestales y teatrales. Quizá los motivos sean todos estos y algunos más. Sin embargo, aunque no volvió a componer otra ópera, no abandonó el mundo musical, haciéndose cargo de la dirección de varios teatros franceses y componiendo muchísimas obras breves (a menudo relacionadas con su otra gran pasión, la cocina), así como varias obras religiosas. Rossini fallece en Francia en 1868, habiendo sobrevivido a muchos de sus «sucesores» en el trono de la ópera italiana (Vicenzo Bellini, Donizetti) y coincidiendo con la emergencia de Verdi y de Wagner; es enterrado en París inicialmente, para ser trasladados sus restos al año siguiente a Florencia.
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